Son las mujeres noruegas campeonas del mundo en materia de igualdad con sus compatriotas masculinos? En todo caso, Noruega fue el primer país del mundo en crear el cargo de Ombudsman para la Igualdad entre los dos sexos. En nuestros Gobiernos sucesivos desde la década de 1980 ha habido casi siempre un 50 % de miembros mujeres y casi el 60 % de los grados otorgados por las Universidades y Escuelas superiores lo son a jóvenes. "Las mujeres noruegas, liberadas y seguras de sí mismas, son las mejores del mundo", estiman dos expertos estadounidenses. Pero Noruega dista mucho de ser pionera de la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los ámbitos.
por Pernille Lønne Mørkhagen
¿Cuál es, pues, la situación de la mujer en la sociedad noruega? Depende de con quién se le compare. ¿Con sus compatriotas masculinos? ¿Con la población femenina de Varsovia, Ciudad del Cabo o Kabul? Nuestra ex Primera Ministra y actual Directora General de la OMS, Gro Harlem Brundtland, afirma que Noruega es un país pionero en el campo de la igualdad legal y social del hombre y la mujer e inspirador internacional en estas materias.
En Noruega, a su vez, ha pasado mucho tiempo desde que la igualdad entre los dos sexos fuera reinvidicación específica de muchas mujeres. La política en favor de la igualdad, llevada a cabo sistemáticamente por el Gobierno y el Storting durante hace ya muchos años, minimiza aparentemente la necesidad de organizaciones militantes que reivindiquen específicamente los derechos de la mujer.
En el transcurso de los últimos años hemos tenido dos tipos diferentes de reacciones en lo que concierne a la política activa por la paridad. Una de ellas se refiere a que la igualdad legal y social entre hombres y mujeres debe centrar su atención en los derechos de los hombres. Otra reacción procede de la vida económica y de los negocios y sus organizaciones. El Gobierno actual exige que en los Consejos de Administración de todas las empresas privadas haya como mínimo un 40 % de cargos femeninos, en concordancia con los órganos asesores y de gobierno de los entes públicos. Las organizaciones patronales consideran este requisito como una limitación injusta del derecho
de autonomía de las empresas.
Estatuto de igualdad para los hombres
En la última década, mucho del trabajo en favor de la igualdad entre los dos sexos casi que no ha consistido en reivindicar los derechos de la mujer en los bastiones masculinos. Más bien se ha tratado de lo contrario. Muchos políticos destacados, e igualmente nuestra anterior Ombudsman para la Igualdad entre los sexos, han expresado en varias ocasiones que la lucha por la paridad debe enfocar a los hombres y sus roles.
Este enfoque ha dado ya resultados en forma de enmiendas a la legislación relativa a los derechos laborales por gestación y maternidad. Una de dichas enmiendas es que cuatro semanas de la baja por maternidad se aplican exclusivamente al reciente papá. Si no hace uso de la llamada "cuota paterna" para ocuparse del niño en casa durante un mes, pierde la familia el derecho a esta porción de la baja por maternidad. ¿En cuántos países del mundo existe una ley particular que conceda al hombre derecho exclusivo a permanecer en casa cuidando a sus hijos pequeños durante un breve periodo?
La proporción de hombres que han hecho uso de la cuota paterna ha sido creciente desde el principio (1993), pasando del 45 % registrado en 1994 al 70 % de 1995. El sistema está ya bien implantado. La mayoría de los hombres noruegos consideran ahora la cosa más normal del mundo aprovechar esta porción de la baja por maternidad.
En la última década, la nueva ley sobre el niño ha reforzado los derechos del padre, o más bien el derecho del niño a tener contacto con ambos progenitores en caso de divorcio. Ya no es, por ejemplo, obvio que la madre obtenga el derecho de custodia y manutención cuando los padres separan sus vidas. En caso de litigio, el Tribunal valorará ahora más la idoneidad de cada uno de los progenitores por separado, que su sexo. Y cuando los padres, tras el divorcio, establecen sus hogares respectivos en sitios distantes, tampoco es ahora así que la parte que no es responsable a diario de los hijos comunes (léase: el padre) sea la que tiene que pagar los gastos de desplazamiento de éstos entre los dos nuevos hogares. El cambio toma particularmente en cuenta la carga económica que anteriormente suponía para los hombres divorciados asegurarse contacto ulterior con sus hijos.
Muchas mujeres en el sector de la política
De los 19 miembros que componen el actual Gobierno conservador/centrista, 8 son mujeres. Hay ministras, entre otras cosas, de Defensa y de Comunicaciones. Pero esto no es ningún record en Noruega. El record lo sigue ostentando Gro Harlem Brundtland. En uno de sus gabinetes llegó a haber 9 ministras, de un total de 19 titulares de Ministerio.
A mediados de la década de 1990, el 39 % de los representantes del Storting eran mujeres. El mayor número que haya habido nunca en la Asamblea Nacional noruega. Hace 25 años, por ejemplo, sólo había una diputada por cada cuatro diputados. En las últimas legislativas, celebradas en 1997, bajó la cuota de participación femenina al 36 %, volviendo a subir ligeramente, hasta el 37 %, en 2001. La media proporcional de diputadas en los parlamentos del mundo es del 13,9 %.
Las elecciones municipales y provinciales celebradas el otoño de 1999 dieron como resultado el 34 % de mujeres en cargos políticos de la Administración municipal. En la Administración provincial la cuota proporcional femenina es aún mayor. En 12 de las 19 Diputaciones provinciales son mujeres al menos el 40 % de los representantes. Tantas personas con cargo mujeres no había habido antes en las Administraciones municipales, ni en las provinciales. A pesar de lo anterior, sólo 65 de un total de 435 Ayuntamientos tienen una alcaldesa. Son de hecho algunas alcaldías menos de las conseguidas por mujeres en las anteriores elecciones municipales. La cuota proporcional de hombres es alta, del 78 % también entre los tenientes de alcalde y los líderes de las comisiones de los Ayuntamientos. Y sólo se cuentan cuatro mujeres a la cabeza de las Administraciones provinciales. Dicho de otro modo, la población femenina no está representada por igual a todos los niveles políticos de la nación.
En las décadas de 1970 y 1980, se llevaron a cabo campañas masivas para propiciar la participación femenina en la vida política, sobre todo a nivel municipal. Entre otras cosas, tuvo lugar una verdadera avalancha electoral
que se ha dado en llamar"golpe de mano femenino" , especialmente en los comicios locales, en los que los electores pueden influir en el orden de los candidatos. Tachando candidatos de las listas, los votantes consiguieron aumentar el número de representantes femeninos y disminuir el de masculinos en las Corporaciones locales, decidiendo así el resultado de las elecciones. Expertos políticos han sido virtualmente despojados de sus puestos por mujeres menos iniciadas en las artes políticas en el transcurso de las elecciones mismas.
El primer "golpe de mano femenino" tuvo lugar en 1971, debido, sobre todo, a la creciente frustración de la población femenina noruega, que por esta época se incorporaba masivamente a la vida laboral sin ver su orden de prioridades influir de manera correspondiente en la esfera política. Hoy es raro el partido político noruego en cuyas listas electorales no figure una mujer en primer o en segundo lugar. Y todos los grandes partidos políticos de Noruega, a excepción del muy conservador Partido del Progreso (Fremskrittpartiet), tienen o han tenido una líder. En la Noruega actual es simplemente impensable en cualquier partido político, independientemente de su ideología, no tener una amplia representación femenina en la Directiva. Es probable que la posición de las mujeres en la sociedad noruega sea tan visible debido, fundamentalmente, a esa "revolución política femenina".
El Ombudsman para la Igualdad de derechos y oportunidades entre los dos sexos
Pero también el cargo de Ombudsman para la Igualdad entre los sexos, nombrado oficialmente, ha dado a conocer a Noruega como país en el que la igualdad es un hecho. Noruega fue el primer país del mundo en crear un Ombudsman para dicho cometido. La recopilación de la abundante normativa existente en la materia celebrará sus 25 años de existencia en 2003. Compete al Ombudsman velar por el cumplimiento de la Ley sobre la igualdad entre los sexos.
Dicha ley ha sido enmendada con disposiciones que refuerzan su autoridad y revisada en diversas ocasiones. En 1981, se implantó una nueva norma que exigía que hombres y mujeres estuvieran representados en todos los órganos de gobierno y comisiones oficiales. En 1988 se reforzó dicha norma, que establece en su artículo 21 la regla de la cuota de 60-40 para todos los organos de gobierno y comisiones oficiales que consten de más de cuatro miembros; es decir, que nunca deberán tener menos de un 40 % de representación femenina.
En el último cómputo, realizado en 2001, la cuota de representantes femeninas de los organos de gobierno y comisiones estatales era, por término medio, del 41 % , siendo la correspondiente al año anterior del 42 %. Pocos ponen en duda que el imperativo legal ha tenido mucha importancia para nivelar el reparto entre los sexos hasta tal punto en los puestos de poder en el curso de los últimos años.
De hecho, en 2002, el Gobierno Demócrata-cristiano/conservador fue el que implantó la exigencia de que también las empresas privadas sigan la regla de la cuota del 40-60 al designar a los miembros de sus Consejos de Administración. Esto ilustra claramente que los impulsores de la paridad en Noruega, durante muchos años, han sido los partidos políticos, con independencia de su ideología. Las empresas, representadas tanto por los altos cargos de cada una de ellas en particular como por las organizaciones patronales, protestaron acaloradamente contra semejante merma al derecho de autodeterminación de las empresas. Pero el Gobierno no dejó lugar a dudas: se pone primer lugar y exige que, en el transcurso de un año, ocupen mujeres, como mínimo, el 40 % de los cargos de los Consejos de Administración de todas las empresas estatales, las sociedades estatales de régimen especial y las sociedades anónimas propiedad del Estado. En 2005 se impondrá la misma exigencia a las empresas privadas. Pero lo que resulta prometedor es que la Ley sólo tendrá aplicación si las sociedades, por propia cuenta y voluntariamente, no han logrado en ese tiempo hacer que aumente la cuota proporcional de representantes mujeres en los Consejos de Administración, hasta alcanzar el nivel deseado del 40 %.
Una de las funciones más importantes del Ombudsman para la Igualdad durante sus casi 25 años de existencia ha sido la de vigilar las pautas del empleo en cargos oficiales y en la vida laboral ordinaria. En Noruega no es legal anunciar, por ejemplo, "se busca una secretaria". Las ofertas de empleo no han de ser discriminatorias con relación al sexo, excepto si se busca un actor o una actriz o un/una modelo. Si la plantilla del lugar de trabajo en cuestión la componen fundamentalmente hombres, es normal que en el anuncio se invite a las mujeres a enviar la solicitud y viceversa, en lugares de trabajo en los que hay dominancia femenina en cuanto al número. A pesar de ello, como ya veremos, el mercado laboral noruego presenta la mayor segregación en función del sexo de toda la zona OCDE.
Otra de las funciones del Ombudsman para la Igualdad es velar porque no se empuje fuera de sus trabajos a las mujeres gestantes y a las que disfrutan de baja por maternidad en virtud de ley. De modo simple, no está permitido despedir a una empleada embarazada o que está de baja por maternidad. Y el empleador tampoco puede poner obstáculos al marido que desea hacer uso de la baja correspondiente, si la familia quiere que sea éste quien permanezca en casa cuidando al niño durante su primer año de vida. Durante el anterior Gobierno laborista, por ejemplo, hubo una ministra que cedió a su marido gran parte del tiempo de la baja de maternidad.
Historia del feminismo en Noruega
Existe una larga tradición política, cuyo orígen se remonta al incipiente movimiento de emancipación femenina del siglo XIX. La mujer noruega adquirió el derecho de herencia ya en 1854, pero, hasta la década de 1890, las casadas no podían disponer de su propio patrimonio. Antes de iniciarse el proceso de industrialización del pasado siglo, el papel social de la mujer estaba totalmente subordinado al del hombre. Y a pesar de que las mujeres noruegas recibían una especie de educación general, la posibilidad de independizarse era remota.
En 1882, las mujeres tuvieron acceso a los estudios superiores, pero, hasta 1903, no obtendría el doctorado la primera mujer noruega. En 1912, por vez primera, se nombró una catedrádica universitaria. Ya por entonces, muchas mujeres desempeñaban puestos de trabajo como oficinistas, profesoras y operarias industriales. La industria brindaba nuevas oportunidades a la población femenina de los centros urbanos, pero las obreras fabriles llevaban una vida dura, con largas jornadas laborales, malas condiciones de trabajo y sueldos ínfimos. La igualdad salarial era un principio desconocido. Estadísticas de comienzos de siglo muestran que un criado ganaba, por término medio, 290 coronas al año, mientras que una doncella tenía que contentarse con 151 coronas.
En 1913, las mujeres noruegas obtuvieron el derecho de sufragio, quince años después que los varones. A la sazón, venían luchando denodadamente por sus derechos políticos desde 1885, año en que se fundó una organización sufragista, doce meses después de crearse la primera asociación feminista. Aquellas agrupaciones feministas estaban muy alejadas de los problemas de las trabajadoras industriales, dominadas como estaban por damas liberales de la burguesía que luchaban por el derecho de sufragio, el derecho de educación y el mismo ordenamiento jurídico para hombres y mujeres. Sin embargo, hacia fines del siglo XIX y principios del XX, también empezaron a organizarse las mujeres de la clase obrera. Las primeras en hacerlo fueron las operarias de las fábricas de fósforos. Gradualmente, las diversas organizaciones sindicales contribuyeron a mejorar las insatisfactorias condiciones de trabajo de la mano de obra femenina.
De hecho, sólo hace falta retroceder unos 30 ó 35 años en el tiempo para encontrar en las manifestaciones del 8 de marzo consignas tales como "El derecho de la mujer al trabajo". Es indudable que desde entonces han ocurrido en Noruega muchas cosas en el campo de la igualdad entre los sexos. Los jóvenes de hoy en día hacen gestos de no entender cuando sus abuelas les hablan de que lo que se esperaba de ellas era que se casaran, tuvieran hijos y se quedaran en casa cuidándolos. Y quizás expresen desánimo cuando sus madres les digan lo difícil que les resultó romper con estos esquemas y el cargo de conciencia que les producía tener que volver al trabajo, tan sólo tres o cuatro meses después del parto. La legislación relativa a la gestación y la maternidad ha variado por completo, siendo lo normal que también las madres recientes estén incorporadas al trabajo.
Modelos literarios
Fuertes personalidades del mundo literario y docente, así como mujeres interesadas en la problemática social, lucharon en época temprana por sacar a relucir el papel secundario de la mujer en la sociedad y hacer algo por mejorar su situación. Especialmente activo en la pugna por los derechos de la mujer fue el escritor Henrik Ibsen: en casi todos sus dramas de ambiente contemporáneo hay un fuerte personaje central femenino que expresa anhelos de libertad. El propio dramaturgo noruego pronunció un discurso tan fulminante en la Sociedad Escandinava de Roma, en 1879, tras haber fracasado en su intento de lograr una mayoría en favor de permitir el ingreso de miembros femeninos en la institución, que una de las asistentes se desmayó.
También las autoras literarias han descrito en términos poéticos la situación de la mujer en la sociedad; la primera fue Camilla Collett, en su novela "Las hijas del Gobernador" (1855). La escritora noruega Sigrid Undset, galardonada con el Premio Nobel en 1928, hizo de la mujer y su realidad material literario de sus novelas de ambiente contemporáneo y narraciones de la Edad Media.
Una escritora de nuestros días que ha descrito una mente de mujer noruega es Herbjørg Wassmo con el personaje de la novela "Dina", recientemente filmatizada con Marie Bonnevie en el papel de protagonista. Dina es una hermosa mujer del norte de Noruega, vehemente hasta resultar casi brutal y fuerte, que se rige más por lo que le dictan sus intintos que por sus hombres una imagen tal vez no muy diferente de la que se tiene de las mujeres noruegas en el
extranjero.
Nuestras campeonas nuestras ídolos deportivas
Los prototipos femeninos actuales no pertenecen primariamente al mundo literario. Aparte de las numerosas mujeres preeminentes que podemos admirar en la esfera política, es en el terreno deportivo donde ha destacado la mujer noruega en los últimos años. La reina del maratón, Grete Waitz, ha sido una de las figuras más influyentes en la autoimagen de las mujeres y su gusto por el deporte. Ganar nueve veces consecutivas el maratón de Nueva York es una prestación de la que ostenta el record irrebatido. Grete Waitz es una mujer modesta que no suele clamar exigiendo apoyo e igualdad. No obstante, debido a sus proezas atléticas, ha significado muchísimo para la participación de las jóvenes en el terreno deportivo y en lo relativo a su autoimagen.
Tras sus huellas ha seguido una legión de talentosas esquiadoras, nadadoras, jugadoras de balonmano y otras atletas, y un gran número de muchachas está aprendiendo a jugar al fútbol, al igual que han venido haciendo los jóvenes durante generaciones. Noruega está también a la cabeza internacional de fútbol femenino. Lo antedicho no debe olvidarse ni ser subestimado al hablar de la situación de la mujer en la sociedad noruega. Las hazañas de las deportistas sientan precedentes, contribuyendo a dar a la mujer una imagen de sí misma sana y fuerte.
El antropólogo y psicoterapeuta norteamericano A.K.B.Pillai y su esposa, la asistenta social y profesora Donna Poma Pillai, han tocado de lleno en su investigación el ideal noruego de la salud y lo sano: "En general, las mujeres noruegas son las más naturales que hayamos visto jamás en una situación social. Se visten decentemente y van poco maquilladas, sin que ello les reste atractivo físico. Su actitud corporal es erguida y su expresión facial, concentrada, lo cual les da un aspecto de libertad, desenvoltura y franqueza", refieren. En el verano de 2002 aparecerá su libro titulado "The Light of the Northern Star". El matrimonio encuentra la razón de que las mujeres noruegas estén tan seguras de sí mismas, sean tan fuertes y liberadas en el hecho de que trabajan duro.
El reverso de la medalla
Porque aquí llegamos a un importante punto: el papel sobresaliente de la mujer noruega en la política y en los deportes representa uno de los aspectos más luminosos de su situación actual. Pero si observamos su vida cotidiana y perspectivas laborales, la realidad es menos halagüeña.
El 69 % de la población femenina del país tiene actualmente trabajo remunerado fuera del hogar, contra el 77 % de los hombres noruegos. Es decir, que las mujeres representan el 50 % de los trabajadores. Un sondeo realizado por la ONU en 16 países europeos muestra que Noruega se encuentra a la cabeza por lo que se refiere a la incorporación de las mujeres al trabajo.
Aún así, las mujeres noruegas no trabajan lo mismo que los hombres. Mientras que ellas trabajan una media de 30,3 horas semanales, la media masculina es de más de 39, 4 horas a la semana. En otras palabras, hay muchas mujeres que trabajan a tiempo parcial. Y aquí volvemos a encontrarnos con un punto importante: de esta manera ahorran fuerzas que emplear en las tareas domésticas y para atender a su familia.
En la cumbre del sector de la industria y los negocios, podemos decir que no se ven muchas faldas, a pesar de que, como ya indicamos, la mitad del efectivo laboral son mujeres. Sólo un puñado de mujeres ocupa cargos directivos en los sectores económico y financiero de Noruega. En empresas que cuentan en plantilla más de 250 empleados, hay en total 21 líderes femeninos contra 467 masculinos. El sueldo que perciben estas mujeres es la mitad del correspondiente a los hombres y su trayectoria de aumento salarial es más lenta que la de sus colegas masculinos. En 240 de las empresas más importantes de Noruega el 26 % no existe ningún alto cargo o miembro del Consejo de Administración femenino. En 19 de ellos, ocupan mujeres cargos en el Consejo de Administración. Estas cifras son inferiores a las registradas en países con los que naturalmente nos comparamos.
A pesar de ello, es positivo constatar que la cuota proporcional de altos cargos femeninos en los órganos de dirección y administración de la vida de los negocios ha aumentado hasta cierto punto. El aumento mayor registrado se refiere a los puestos de responsables del reclutamiento de empleados, seguido de los puestos de gerentes. Si esta evolución continúa al mismo ritmo, el Ombudsman para la Igualdad calcula que se tardarán 115 años en lograr que haya tantas mujeres como hombres en los Consejos de Administración de las empresas privadas. Esto, naturalmente, es la razón por la que el Gobierno quiere imponer por ley las cuotas de mujeres en los Consejos de Administración, en el supuesto de que las propias industrias y empresas no lo solucionen por los propios medios de aquí a que pasen unos años.
Las mujeres en la Administración pública
Las cifras de la Administración pública son igualmente deprimentes. El 45 % de los empleados a tiempo completo en la Administración del Estado son mujeres. Sin embargo, las mujeres escasean en las altas esferas administrativas. En 2002, sólo el 10 % de los secretarios generales eran mujeres y hay 26 mujeres entre un total de 113 directores de servicio. Entre los diplomáticos noruegos, sólo uno de cada diez embajadores es una mujer, mientras que el 97 % de los cónsules son hombres. Sin embargo, la proporción ha ido mejorando paulatinamente por lo que se refiere a los cargos ministeriales de carácter político: de un total de 35 secretarios de Estado, 12 son mujeres.
En el ámbito de la Administración local, la situación también muestra desequilibrio si dejamos de considerar los municipios como arena política, y los vemos como el mayor lugar de trabajo del país. Las municipalidades constituyen, con mucha diferencia, la principal fuente de empleo de la mujer noruega. Casi el 75 % de los funcionarios municipales son mujeres. Las encontramos en los sitios de trabajo tradicionalmente femeninos, como los centros de primaria y secundaria obligatoria y las actividades de tiempo libre conexas, los centros de educación infantil, las residencias geriáticas, los servicios de atención a domicilio y las oficinas de asuntos sociales. Y aquí es precisamente donde se encuentran muchas mujeres, realizando trabajos escasamente remunerados y a jornada parcial. Cuando se calculan porcentajes a partir de las personas empleadas a tiempo completo, las mujeres constituyen el 60 % de la mano de obra disponible. Pero aún cuando sólo se cuente con los empleados a tiempo completo, las mujeres ocupan el 25 % del total de altos cargos municipales y sólo el 15 % de los que ocupan el puesto de jefe de una administración o servicio municipal son mujeres.
Un ejemplo elocuente, extraído del sector municipal, es quiénes constituyen la mayor parte de los empleados en contacto con beneficiarios de los servicios de tipo asistencial administrados por los municipios la oficina de asuntos sociales, los centros públicos de servicios primarios de salud o el sector asistencial. El 80 % de los empleados de estos sectores son mujeres. Pese a este hecho, sólo el 34 % de las mujeres desempeñan cargos directivos. Según la estadística salarial elaborada hace algunos años por el Ministerio de Administración, sólo el 8 % de las empleadas del sector asistencial de los municipios tienen posibilidad de ascenso en el escalafón laboral, mientras que el 48 % de los hombres empleados en el mismo sector tienen dicha posibilidad. En la cima de la Administración local hay sólo un sector en el que las mujeres están equiparadas a los hombres: algo menos de la mitad de los jefes de los servicios sociales y de la salud son mujeres. Por lo demás escasean las mujeres en los cargos punteros de los puestos de trabajo municipales.
Barreras visibles e invisibles
¿A qué se debe esta situación? Muchos estudiosos de la condición femenina han tratado de explicar la razón de que las mujeres hayan alcanzado una posición tan destacada en la esfera política, mientras brillan por su ausencia en los altos cargos del sector productivo.
Los varones en particular aquellos que ocupan puestos directivos y se encargan de reclutar altos ejecutivos tienen tendencia a explicar la situación aduciendo falta de mujeres cualificadas dispuestas a desempeñar tales funciones. Se quejan de que no sólo hay pocas mujeres con la debida preparación, sino que las escasas candidatas cualificadas rehúsan ocupar altos cargos. Un tema constante es que las mujeres muestran preferencias distintas, anteponiendo el hogar a la actividad profesional. A menudo, los hombres afirman no tener nada en contra de jefes femeninos, pero que son ellas mismas quienes no quieren aceptar puestos de responsabilidad y decisión.
Este parecer no es infundado del todo. Muchas mujeres (y muchos hombres) no desean más cargas y responsabilidades de las que ya tienen en su vida cotidiana. Otro factor, seguramente, es que abundan las que aplican tan severos criterios a la calidad de su labor profesional, que no se consideran competentes para ser ascendidas, a pesar de que, objetivamente, estén tan cualificadas como los colegas masculinos que suben de categoría.
Como muy bien indicaba la Jefa de Policía de Oslo, Ingelin Killengren, "son especialmente los cargos directivos medios masculinos quienes han de tomar conciencia de la mayor habilidad de los hombres para hacerse propaganda, mientras que las mujeres son modestas y reservadas. En tanto los jefes no se percaten de esto, las mujeres seguirán
estando oprimidas".
Otros han llamado a esta exclusión del acceso a los cargos punteros "techo de cristal invisible". Particularmente las mujeres con larga formación sienten que no se les emplaza en igual medida que a sus colegas masculinos a afrontar el reto del liderazgo, ni se les contacta cuando se trata de cubrir nuevos puestos altos. "Yo ya he alcanzado el techo de cristal y no puedo seguir avanzando. Los puestos en los Consejos de Administración se asignan en base a relaciones, y la red de contactos es de los hombres. No te escogen por tu capacidad, sino porque te conocen y confían en ti", declaró recientemente una alta directiva al diario Aftenposten.
Prohibido discriminar
En teoría, no existen en Noruega barreras que impidan a las mujeres ascender de categoría profesional en igualdad de condiciones que los hombres. La legislación que regula la igualdad de derechos y oportunidades para ambos sexos, de la que tanto se habla, exige incluso a los empleadores que propicien el ascenso del personal femenino a los altos cargos de la jerarquía laboral. Las disposiciones legislativas y reglamentarias determinan claramente que al ofrecer empleo, se escoja, en igualdad de preparación y experiencia, al aspirante del sexo con menor representación en el lugar de trabajo (discriminación positiva).
En trabajos en los que la competencia profesional se mide por la formación y los trienios, resulta fácil comparar a los aspirantes. Por ejemplo, los profesores de primaria y enfermeros en clara minoría en sus ramas laborales respectivas son escogidos antes que sus colegas femeninas a la hora de cubrir un puesto de trabajo vacante.
No obstante, para los cargos altos donde la representación femenina es menor no sólo se evalúa la competencia profesional, sino que también entran en juego la idoneidad personal del solicitante, su círculo de relaciones sociales y su nivel de actividad en la comunidad. Cuando mujeres bien preparadas son pasadas por alto, su exclusión se explica frecuentemente en términos vagos como "no valía para el puesto", "carecía de experiencia directiva" o similares.
Las empresas, los sindicatos y organizaciones profesionales de Noruega vienen patrocinando desde hace muchos años cursos destinados a reforzar la confianza en sí mismas de las mujeres y a cualificar a las empleadas femeninas para cargos directivos. La eficacia de dichos cursos es, entretanto, difícil de documentar. Algunos sectores organizan también sistemas de tutoría destinados a mujeres jóvenes con ambiciones de llegar a jefes.
El Centro noruego para la Igualdad entre hombres y mujeres (Likestillingssenteret), ha elaborado una base de datos de mujeres; es un sitio de Internet en el que se encuentran informaciones sobre más de 2.500 mujeres que cualifican como candidatas a puestos de alta dirección o cargos en Consejos de Administración. Muchas mujeres jóvenes copian ahora a los hombres también en otros terrenos establecen redes de contacto de tipo formal e informal, por medio de las cuales se apoyan recíprocamente e intercambian informaciones. La eficacia de dichas medidas tampoco ha sido documentada.
Más mujeres estudian
Cada vez es mayor el número de jóvenes noruegas que cursan estudios superiores de larga duración. Es un hecho que el 60 % de los estudiantes de la Universidad y las Escuelas universitarias son chicas. Sin embargo, el motivo de que exista en Noruega un mercado de trabajo que podríamos calificar de sumamente segregado por razón del sexo, radica principalmente en el hecho de que, en épocas pasadas, la mayoría de las mujeres solía elegir profesiones de tipo asistencial, mientras que los varones preferían estudios económicos o formación técnica. De hecho, en Noruega hay pocas ocupaciones donde el número de hombres y de mujeres sea similar.
Los jóvenes, chicos y chicas, siguen pensando de manera tradicional cuando escogen orientación de estudios para los tres últimos años de la enseñanza escolar, de 13 años de duración. Por espacio de varios decenios, los poderes públicos han intentado despertar el interés de la juventud sobre todo de las mujeres por estudios relacionados con profesiones en las que los hombres dominan. En algunos ámbitos, las campañas oficiales han dado frutos. Por ejemplo, en años recientes se ha conseguido gran nivelación en los estudios de medicina y odontología. No obstante, en otros campos la división tradicional entre los sexos se ha acentúado.
Lo sintomático de esta concentración sectorial de los trabajos femeninos es que los estudios elegidos por mujeres implican empleos con salarios bajos, sin claras perspectivas de promoción, mientras que los trabajos que desempeñan los varones reportan mayor retribución y prestigio. Una enfermera, por ejemplo, con tres años de estudios, gana sustancialmente menos que un varón con tres cursos de formación profesional técnica. Además, sus posibilidades de promoción son limitadas y los aumentos salariales previsibles. El profesional masculino, por el contrario, podrá ascender más deprisa y exigir el incremento salarialcorrespondiente.
El "complemento salarial femenino"
Las últimas negociaciones salariales han intentado hasta cierto punto remediar la desproporción entre profesiones típicamente "masculinas" y profesiones típicamente "femeninas". En varias ocasiones, por ejemplo, se ha concedido un complemento "femenino" a ciertas ramas laborales en que las mujeres priman, en adición al incremento salarial negociado para todo el sector. Los trabajadores de la enseñanza, entre otros, han obtenido un considerable incremento salarial en los últimos años. Pero otros grupos profesionales en los que priman las mujeres no lo han logrado en igual medida. Los enfermeros y enfermeras, los auxiliares técnicos sanitarios y el personal de los centros de educación infantil son colectivos que han quedado rezagados en el desarrollo salarial.
La evolución, de todos modos, es favorable. Las encuestas sobre las condiciones de vida muestran que hay menos mujeres ahora que hace veinte años en profesiones que reportan un salario bajo. En 1980, el número de mujeres en trabajos escasamente remunerados era l triple que el de hombres, mientras que antes del cambio de milenio, la cifra era de algo más del doble. Harán sin embargo falta numerosas negociaciones favorables para que desaparezcan por completo las diferencias de salario en función del sexo.
Sin riesgo a equivocarnos, podemos decir que nunca es tan visible la "lucha por los derechos de la mujer" en la sociedad noruega actual como durante las negociaciones salariales. Pero, a pesar de que las diferencias salariales son flagrantes y se consideran injustas por parte de casi todos los hombres y las mujeres, queda aún por delante una larga y ardua lucha hasta conseguir que se equipare a hombres y mujeres en el terreno laboral. Los políticos, a pesar de sus esfuerzos por favorecer la igualdad de oportunidades y de derechos para ambos sexos, no han logrado, a base de decretos, liberarnos a las mujeres de las actitudes tradicionales persistentes en el mundo laboral, ni de las pautas sexistas imperantes en la formación profesional.
Familias que trabajan doble
A pesar de que en Noruega existe un mercado de trabajo sumamente segregado por razón del sexo, hay actualmente un elevado número de mujeres jóvenes con titulación superior y abundan las que se han abierto camino en profesiones de tradicional predominio masculino. El problema es que, con mucha frecuencia, esas mujeres se encuentran en la disyuntiva de trabajar como un hombre, o de dar prioridad a las tareas familiares que han de realizar junto con su actividad profesional. No cabe duda de que la mujer sigue asumiendo la responsabilidad principal del hogar y de los hijos. Estudios realizados muestran que, inclusive en familias donde ambos cónyuges trabajan, la mujer pasa más tiempo con los niños y haciendo las tareas caseras que el marido. Un estudio, relativo al empleo del tiempo por parte de la pareja realizado en 2002, pone de manifiesto que la mitad de las madres dedican de 10 a 19 horas semanales a las tareas domésticas, mientras que los hombres emplean menos de cinco horas a la semana en dicho trabajo; el 20 % de los hombres le dedican menos de 10 horas semanales, mientras que el 78 % de las mujeres emplean entre 10 y 30 horas en arreglar la casa. El estudio de empleo del tiempo muestra que las mujeres, aunque trabajen jornada completa fuera del hogar, invierten muchísimo más tiempo que sus maridos, igualmente trabajadores a jornada completa, en poner en orden la casa. Pero el hombre no pasa una cantidad de tiempo correspondiente tirado en el sofá y leyendo el periódico: los estudios mencionados demuestran que lo pasa en su lugar de trabajo. Por término medio, los hombres hacen muchísimas horas extra y reciben remuneraciones suplementarias en mayor medida que las mujeres.
Otro extremo puesto de manifiesto por el estudio de empleo del tiempo es que se ha producido una "revolución silenciosa" en el campo doméstico. Las mujeres, en especial las que poseen estudios superiores, no definen ya el rol de "la buena madre" como consistente en mantener arregladas las ropas de la familia y limpios de polvo los rincones. Las mujeres emplean infinítamente más tiempo con sus hijos; están presentes de forma activa, les leen, juegan con ellos, les ayudan a hacer los deberes y salen de excursión con ellos o les llevan al lugar donde realizan actividades al aire libre. Los hombres, a su vez, cuando su empleo de tiempo en el hogar aumenta, le dan también muchísima más importancia a estar con sus hijos que a las tareas domésticas tradicionales.
Hombres empujando cochecitos de niño
Crece, sin embargo, una nueva generación de varones que realmente trabajan en el campo doméstico. Muchos hombres jóvenes se han criado en un ambiente social en los que la igualdad entre los dos sexos y la liberación de la mujer eran componentes importantes e inherentes de la educación. Cuando se convierten en padres les resulta tan natural a ellos pedir permiso para quedarse en casa atendiendo a los niños cuando están enfermos como que lo haga la madre. También en este terreno tienen varones y mujeres idénticos derechos.
Con la enmienda de las normas relativas a la baja por maternidad, en el sentido de permitir al padre disfrutar de parte de ésta, son legión los hombres que aprovechan la oportunidad y se toman libre un mes, para atender a su hijo antes de que el niño empiece en el jardín de infancia o sea atendido por una cuidadora privada. A pesar de que las estadísticas muestran que las mujeres noruegas siguen llevando la carga de los quehaceres domésticos, está de moda entre ciertos hombres preeminentes presumir diciendo que renuncian a su carrera política por ser incompatible con el papel de padre. Un destacado político hizo recientemente lo contrario: reconocer que no había asistido a ninguna de las fiestas de aniversario de su hijo, que tiene ahora 9 años, porque daba prioridad de primer orden a su trabajo en el Storting. Esta declaración recibió abucheos, practicamente, y, en opinión de muchos, tal manifestación le restará, de hecho, posibilidades de que lo reelijan líder de su partido.
La última encuesta importante sobre las condiciones de vida muestra también que es creciente el número de padres de familia interesados en reducir su jornada laboral al objeto de estar más tiempo en casa. Pero el ideal sigue estando muy lejos de la realidad. Continúa, por ejemplo, siendo excepcional en extremo que los hombres pidan a sus empleadores reducción de jornada laboral para poder atender a sus hijos en el hogar. Al igual que sus colegas femeninos, tienen pleno derecho a hacerlo, pero pocos asumen su responsabilidad en los quehaceres domésticos más de lo estrictamente necesario y en tanto no vaya en detrimento de la carrera profesional. Esta es otra de las razones por las que pocas personas comparten el parecer del Primer Ministro Kjell Magne Bondevik cuando dice que el régimen de la prestación en efectivo dará también al hombre la opción de permanecer en casa atendiendo a sus hijos, favoreciéndose con ello la igualdad de los sexos.
Prestación en efectivo en lugar de guarderías
Por cada niño de un año o de dos años que no ocupe una plaza de guardería, las familias noruegas podrán percibir una suma anual de 36.000 coronas en concepto de ayuda, o eventualmente una cantidad inferior, si el niño asiste a un centro de educación infantil de corta duración, que recibe menos subvenciones públicas. El meollo de la cuestión es dar a los padres con hijos de corta edad la oportunidad y los medios económicos para optar por cuidar a sus hijos ellos mismos, en lugar de enviarlos a una guardería.
Las organizaciones de mujeres, los partidos radicales de izquierda y ciertos sectores del movimiento sindical reaccionaron con furia cuando la mayoría conservadora/demócrata-cristiano del Storting implantó el régimen. Estimaban que la prestación en efectivo derrumbaría muchos de los logros de la lucha moderna por la igualdad entre los sexos en las últimas tres décadas, y haría imposible la meta política de asegurar a quienes lo desearan, antes del año 2000, una plaza en un centro de educación infantil.
Y bien, ¿cómo han ido las cosas? Los análisis realizados por el momento muestran que tres de cada cuatro niños en edad de beneficiarse de la prestación en efectivo la reciben. Pero, al mismo tiempo, resulta que la participación de los padres en la vida laboral no ha cambiado como
correspondería. Una de cada cinco madres en activo ha reducido su jornada laboral, y una tercera parte de las mismas permanece en casa todo el día. Sólo el 4 % de los perceptores de la prestación en efectivo son hombres. Del total de 95.000 personas que trabajan en Noruega en el domicilio, 2.000 son hombres.
Un efecto no deseado de este flexible régimen de subsidio es el hecho de que las familias en las que hay niños menores de uno o dos años utilizan la prestación en efectivo para pagar los servicios de cuidadores, bien a domicilio o fuera de casa, al tiempo que los padres pueden seguir en sus trabajos respectivos. Se discute asimismo si los niños están mejor atendidos de esta manera, o si lo óptimo es su asistencia a centros infantiles ordinarios. Los Gobiernos precedentes, de corte laborista, tenían por meta suprimir el mercado de cuidadoras sin título, que frecuentemente operan al margen del sistema fiscal y del régimen de la Seguridad Social. Paralelamente, se han hecho esfuerzos para regular esta actividad privada, dando facilidades para la creación de guarderías familiares a través de subvenciones públicas. De cualquier manera, la meta política de
asegurar a todos plaza en un centro de educación infantil no se ha alcanzado. El grado de cobertura de los centros de educación infantil era del 77 % por lo que se refiere al segmento de edad 3-7 años y del 37 % en lo relativo al segmento de edad 1-2 años.
Padres con cuenta temporal
Noruega tiene, además, otro sistema de ayuda pública destinado a incrementar la flexibilidad y las posibilidades de los padres de hijos de corta edad en cuanto a combinar el cuidado de los hijos con la carrera profesional. En 1993, al tiempo que se les daba derecho a la famosa cuota paterna, a los nuevos padres se les facultaba para hacer uso, en ocasión de la baja por maternidad, del llamado régimen de "cuenta temporal". Según dicho sistema, los padres con niños en edad preescolar pueden elegir diferentes soluciones para repartir entre un periodo de tiempo más largo la baja por maternidad con derecho a paga, adaptando la jornada laboral reducida a la atención que requiere el recién nacido. Aparte de las tres semanas previas al alumbramiento y las seis que le preceden, reservadas a la madre, y de las cuatro que según dijimos se reservan al padre, los padres pueden repartirse entre sí el tiempo de la baja por maternidad. Pueden, por ejemplo, decidir que ambos o sólo uno de ellos trabajarán jornada reducida para pasar más tiempo con el niño. De este modo se alivia a la nueva familia del peso del trabajo, al tiempo que sus ingresos se mantienen gracias al derecho de baja por maternidad/paternidad.
De momento son pocas las nuevas familias que se han acogido al sistema. Al parecer, muchos prefieren aprovechar todo el periodo de baja por maternidad de una vez. En tal caso, el que se quede en casa percibe el 80 % de su sueldo durante un año, o la totalidad del sueldo, si prefiere acortar el tiempo del permiso a 42 semanas. Además de este derecho de los padres recientes, existe otro del que pueden hacer uso los empleados con hijos menores de diez años: la facultad de reducir la dedicación al cargo hasta el 80 % para poderlos atender, si ello no crea dificultades al empleador. Se pueden también pedir hasta dos años de excedencia por maternidad sin sueldo, si se desea permanecer en el hogar durante un periodo más prolongado.
Nuevas constelaciones familiares
El número de divorcios ha aumentado enormemente en las últimas décadas. Muchas familias se deshacen y no es de extrañar que precisamente sean las familias con niños en edad preescolar y en situación de estrés. La pauta de ruptura de la convivencia marital de 2002 indica que el 46,8 % del total de matrimonios corre el riesgo de acabar en divorcio, si la pauta se mantiene.
Actualmente, el 60 % de los niños noruegos vive con padres casados. Los restantes residen con padres que conviven en unión marital de hecho, con la madre sólo o con ella y su nueva familia. Sólo un ínfimo porcentaje de niños viven sólos con el padre o comparten la nueva vida familiar de éste. La propia familia real noruega es ejemplo de las nuevas constelaciones familiares. El Principe Heredero Haakon Magnus contrajo matrimonio en 2001 con una madre soltera.
Con ser muchas las causas posibles del divorcio, no deja prácticamente lugar a dudas que la escasez de tiempo a disposición y el reparto desigual de las tareas domésticas pueden ser factores desencadenantes. Las estadísticas revelan igualmente que, por lo general, son las mujeres quienes desean dar fin al matrimonio. En Noruega hoy en día son las familias monoparentales las que tienen peor situación económica. Y sin duda alguna recae por lo general en las mujeres la responsabilidad de mantener y educar a los niños al deshacerse la unión marital.
Hay, sin embargo, muchos "papás a tiempo parcial", que cumplen concienzudamente su deber de contribuir a los gastos de manutención de los niños y a ocuparse particularmente de ellos. Tenemos leyes que aseguran que ambos progenitores mantengan el contacto con sus hijos tras romperse la convivencia de pareja. Se registra una tendencia creciente a que sea el padre quien detente la custodia de los niños, o que el padre y la madre acuerden que los niños vivan por temporadas iguales en casa de ambos. En la actualidad, existe en Noruega un "enjambre" de niños que viven una semana en casa de cada uno de los padres, o que se trasladan de un hogar al otro durante los fines de semana y los días festivos.
El bienestar: arma de doble filo
A pesar de las facilidades para obtener jornada reducida y la tendencia de que las mujeres trabajen a tiempo parcial, muchas familias sienten que no pueden escapar al estrés. La aspiración a un nivel de vida más alto y, por consecuente, la exigencia de que la familia disponga de ingresos mayores hacen que hombre y mujer tengan que trabajar fuera, con frecuencia más de lo deseado de haber tenido opción.
De manera general, no cabe la menor duda que las familias noruegas tienen ahora menos tiempo para los niños. El trabajo no remunerado en casa tiene poco prestigio en la sociedad de nuestros días. En mayor medida que antes, nuestros hijos son atendidos por grupos asalariados y a nuestros mayores los cuidan profesionales. La multitud de amas de casa exclusivamente dedicadas al cuidado del hogar y de los hijos y que además se encargaban de sus padres y de la vieja vecina han desaparecido hace ya mucho tiempo. Estas tareas se han profesionalizado y quienes las ejercen perciben un salario que sigue estando por debajo del correspondiente a trabajos que son tradicionalmente masculinos.
Noruega ¿sociedad igualitaria?
Vivimos hoy día en una sociedad próspera y que funciona bien, en la que muy pocos quedan excluídos del régimen de prestaciones y pensiones de la Seguridad Social cuando no están en condiciones de conseguir empleo e ingresos. Las pensiones, los subsidios por enfermedad y desempleo hacen que prácticamente no existan indigentes y hemos logrado derechos laborales que sin duda nos envidian en muchos países: protección en caso de despido, la posibilidad de permanecer en casa con nuestros hijos cuando son pequeños y la de repartir las responsabilidades domésticas entre hombres y mujeres.
Vivimos, asimismo, en una cultura en que la mujer posee una posición destacada, siendo la actitud general que nada de cuanto es posible para el hombre es imposible para la mujer. Sí, las mujeres noruegas estamos tan seguras de nosotras mismas que, comparadas con las mujeres de otras culturas, podemos resultar un tanto masculinas. Al mismo tiempo, nuestra medalla de igualdad y prominencia tiene un reverso también y éste es que, aunque las mujeres hayamos conquistado los bastiones masculinos en todos los sectores sociales, el trabajo de la mujer no se valora de la misma manera que el del hombre. Nuestra bien organizada sociedad no es adecuada para que los trabajos asistenciales que tradicionalmente eran labor femenina se repartan por igual entre hombres y mujeres, o se lleven a cabo por profe-
sionales de manera totalmente satisfactoria.
Se ha dicho que mientras los hombres no participen de manera equitativa y espontánea en los quehaceres domésticos, tal y como las mujeres hacen ya en la esfera pública, no podremos proclamar la plena igualdad en la sociedad noruega. Se podría añadir que, mientras siga siendo más difícil para una mujer que para un hombre alcanzar el liderazgo de uno de los puestos de poder de la sociedad noruega, no aprovechará el país al máximo los recursos humanos de que dispone. Pero si nos comparamos con otros países, no cabe duda alguna de que hemos avanzado un buen trecho en el camino.
La autora del presente artículo, Pernille Lønne Mørkhagen, es periodista del diario Aftenposten y está especializada en temas familiares, temas del consumidor, asuntos relacionados con la salud y sociales y grandes reportajes. Posee el título universitario de Cand. Mag. en Ciencias Políticas, Historia y Literatura. Ha sido becaria de la Comisión de Instrucción de Ejecutivos, donde también estuvo vinculada al Consejo para la Igualdad entre los dos sexos de Noruega.


6 comentarios
ricardo 23 oct 2008 | 04:56 AM
La preocupación por la iguladad de género en Escandinavia (y Europa)es realmente digna de análisis:viene de los años 70 , y me pregunto ¿antes de esos años, eran esas sociedades el reino de la injusticia y la tiranía para las mujeres? Parece que no, y yo rcuerdo a muchos exiliados chilenos que hablaban maravillas de esas sociedades, donde casi no había mujeres entre las élites .
Una hipótesis: es una preocupación neurótica, que desvía el interés por lo que realmente importa y "quema"; en efecto , todos los indicadores de bienestar son equivalentes entre hombres y mujeres, o ligeramente mejor para ellas (esperanza de vida, salud, educación, índices de felicidad, etc..pero suicidios, criminalidad,salubridad son mejores para las mujeres. Pero el cproblema de la distribución del ingreso, cada vez más desigual , queda velada y banalizada por el tema del género.
apolinar 28 may 2009 | 03:49 PM
tengo 35 años busco una mujer para relacion seria soy clombiano
cecilia del carmen 13 oct 2009 | 08:47 PM
busco pareja
pamela chu.... 14 oct 2009 | 11:48 PM
JORGE REGULO LIÑAN ALVA, poli con SIDA.
pamelita chú.
soyla vaca del campo 14 oct 2009 | 11:51 PM
jorge liñan alva, tiene 2 mujeres y un hombre
richi y jorge 14 oct 2009 | 11:53 PM
La preocupación por la iguladad de género en Escandinavia (y Europa)es realmente digna de análisis:viene de los años 70 , y me pregunto ¿antes de esos años, eran esas sociedades el reino de la injusticia y la tiranía para las mujeres? Parece que no, y yo rcuerdo a muchos exiliados chilenos que hablaban maravillas de esas sociedades, donde casi no había mujeres entre las élites .
Una hipótesis: es una preocupación neurótica, que desvía el interés por lo que realmente importa y "quema"; en efecto , todos los indicadores de bienestar son equivalentes entre hombres y mujeres, o ligeramente mejor para ellas (esperanza de vida, salud, educación, índices de felicidad, etc..pero suicidios, criminalidad,salubridad son mejores para las mujeres. Pero el cproblema de la distribución del ingreso, cada vez más desigual , queda velada y banalizada por el tema del género amao a Jorge LIñan, SOY YO KIEN TE ESCRIBE
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